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Alec Leamas y Le Carré

john-le-carre_1410289c-1Confieso que estoy un poco fuera de juego en lo que a política se refiere, en parte porque me aburre y en parte porque no acabo de encontrar mi sitio entre la variopinta izquierda española, siempre tan cainita. Me muevo mejor en el ámbito de la novela y acabo de empezar una que promete, «El nadador» de Joakim Zander, un hallazgo interesante en la nueva novela de espionaje. Lo dicho, lo acabo de empezar y aunque la impresión es buena el listón está muy alto después de leer «Soy Pilgrim» y a eso hay que añadir las reticencias hacia la moda de los autores nórdicos. Cuando empiezo con una buena novela de espías me da una envida, sana e insana a la vez, de cómo hay autores que consiguen crear el ambiente a las primeras líneas, ese ambiente ambiguo, contradictorio y seductor que sólo consigue el espionaje. No es sólo un lugar, como podríamos decir Damasco en la actualidad o Berlín en los años de la guerra fría, es esa ambientación que logra la interacción entre personajes y entorno. Y hablando de Berlín y la guerra fría me ha venido a la memoria que hace ahora cincuenta años que, por mi cumpleaños, un viejo amigo me regaló mi primera novela de espías, «El espía que surgió del frío» de John Le Carré. Ya he dicho muchas veces que aquella novela, corta, brillante y directa como un disparo, me abrió todo un mundo. Leamas se convirtió en el paradigma del agente infiltrado y Le Carré en mi padre. Luego han venido otros, como Smiley, Harlot, Magnus J. Pym o Pyle, pero como diría cualquiera que ha perdido la virginidad, «el primero» fue él, Alec Leamas.

Escritor. Autor de "El heredero del diablo", "Espías y la guerra secreta", "Nzere Kongo. Viaje a la cuna del mal" y "La ruta de los contrabandistas".

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