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USS Bunker Hill, una historia kamikaze

800px-USS_Bunker_Hill_USS_Sperry_11_May_1945El día 11 de mayo de 1945, los avatares de la guerra unieron al piloto Kiyoshi Ogawa con el buzo de la US Navy Robert Schock, el primero a los mandos de su avión, un Mitsubishi zero, y el segundo a bordo del portaaviones ligero USS Bunker Hill en aguas de la isla de Okinawa. Ese día, el portaaviones participaba en la operación llamada Iceberg, el desembarco de 183.000 marines y soldados en la isla de Okinawa, el segundo gran objetivo en territorio japonés después de la conquista de Iwo Jima. El USS Bunker participaba junto a otros once portaaviones, Enterprise, Essex, Intrepid, Hornet, Franklin, Cowpens, San Jacinto, Savo Island, Petrof Bay, Sargent Bay y Steamer Bay; nueve cruceros, catorce acorazados y doce destructores, solo una parte de un total de 462 navíos norteamericanos más 99 británicos, una fuerza imponente que debía enfrentarse a los resto de la Armada Imperial japonesa empeñada en una misión suicida, en especial al acorazado Yamato, el mayor nunca construido y otros nueve buques japoneses, el crucero Yahagi y los ocho destructores Hatsushimo, Fuyuzuki, Yukizake, Asashimo, Suzutsuki, Isokaze y Hamakaze. En el diseño de la operación Ten-Gō, la que sería la última operación naval japonesa en la guerra del Pacífico, tenía una parte fundamente la utilización de los pilotos conocidos por los norteamericanos como kamikaze y entre los japoneses como tokkōtai. Después de su utilización en la batalla del Golfo de Leyte unos meses antes, hasta los más reacios comandantes japoneses se habían dado cuenta que la táctica era más eficaz que la lucha clásica contra una aviación naval infinitamente superior. El piloto Kiyoshi Ogawa formaba parte de la unidad tokkotai, Showa 7 Dai-Tai con base en Kyu-Shu y despegó aquella mañana entusiasmado con su misión, una simple y clara misión. Acompañado por otro zero pilotado por Yasunori Seizo, debía localizar a los buques norteamericanos, preferiblemente portaaviones o acorazados y estrellarse contra uno causando el mayor daño posible. Ozawa se había ofrecido voluntario al recién creado grupo tokkotai y había recibido un entrenamiento especial que hacer más mortífero a su avión de lo que se podía esperar de los legendarios zero. La táctica estudiada era la de dotarse de varias bombas de 250 kilos, lanzarse en picado contra el buque enemigo y soltar primero una de las bombas a muy corta distancia para estrellas el avión después, preferiblemente en la superestructura del buque.
Esa misma mañana, el buceador de la US Navy, Robert Schock, miembro de la tripulación del portaaviones USS Bunker, se encontraba bajo la cubierta, tomándose unos momentos de descanso pues hasta el momento, la flotilla de la que formaba parte el portaaviones no había tropezado con ninguna fuerza enemiga. Sobre la cubierta del buque se amontonaban hasta 34 aviones, cazas y bombarderos en picado, algunos de ellos con los depósitos llenos de combustible, listos para despegar. Poco después de las diez de la mañana una voz de alarma llegó al buque, era la del teniente de navío James E. Swett , a los mandos de su F4U-1C Corsair que avisaba, alarmado, de la presencia de dos zeros solitarios que volaban directos hacia el portaaviones: “¡Alerta!, ¡alerta! dos aviones de cabeza hacia el Bunker Hill!”. Los dos aviones, el de Ogawa y el de su compañero Seizo se lanzaron a tan gran velocidad contra un buque que no estaba en estado de alerta que no dio tiempo a disponer las baterías antiaéreas. Seizo dejó caer su bomba que atravesó la cubierta del USS Bunker y estalló do más abajo, junto al agua. El avión se estrelló en cubierta y estalló envuelto en llamas; sus fragmentos arrasaron la cubierta afectando a los aviones estacionados y provocando un gran incendio. Apenas unos segundo después llegó el avión de Ogawa en un picado casi vertical dejando caer su bomba e impactando en cierta justo rozando la torreta del portaaviones. Su bomba explotó por debajo de la cubierta y voló la cabina de vuelo del portaaviones junto al puente de mando, pero por alguna razón desconocida el zero de Ogawa no estalló. El avión quedó empotrado en el hangar del navío ya inundado. Fue entonces cuando el buceador de la Armada, Robert Schock se acercó hasta el aparato solo parcialmente destruido para comprobar que su piloto, Kiyoshi Ogawa estaba muerto. En un impulso, Schock recuperó algunos objetos de las ropas de Ogawa, la etiqueta con su nombre, un reloj reglamentario de los pilotos, el cinturón del paracaídas y una carta con algunas fotografías que el piloto llevaban el bolsillo. La carta era una despedida dirigida a su familia escrita poco antes emprender su ultima misión: “Voy a hacer una salida, volando sobre ese cielo en calma, con una tranquila emoción. No puedo pensar ni en la vida ni en la muerte. Un hombre debe morir una vez y ningún día es más honorable que hoy para dedicarme a la causa eterna … . voy a ir al frente sonriendo. En el día de la salida también, y para siempre”.
Kiyoshi Ogawa había nacido en un pueblecito del distrito de Tsui en 1922, el menor de los hijos de la familia Oshia. De niño fue un buen estudiante y al terminar los estudios secundarios ingresó en la prestigiosa Universidad privada de Waseda, cerca de Tokio, la primera universidad privada y la más prestigiosa de las fundadas en Japón. Su educación distaba mucho de la rígida formación de las escuelas militares y estaba más cercana al liberalismo occidental. Al término de la graduación no obstante pasó a formar parte del colectivo de estudiantes-soldados donde recibió una formación com piloto. Al término de sus estudios recibió el grado de alférez y fue asignado a un escuadrón aéreo llamado Kokutai, una agrupación nominalmente de la Marina Imperial pero que podía tener bases en tierra. Fue ahí donde se le ofreció la oportunidad de integrase en uno de los grupos tokkōtai (kamikaze) algo que aceptó entusiasmado y que llevo a la muerte.
El USS Bunker Hill no se hundió. Gravemente dañado pudo llegar a Pearl Harbor y de ahí a Bremerton donde se iniciaron las reparaciones. Ya no pudo volver a participar en una guerra que el Imperio Japonés no podía ganar desde el primer día. El buque había perdido casi 500 hombres en el ataque más sangriento de los realizados por kamikazes, pero Robert Schock estaba entre los supervivientes. Dejó el buque y volvió a su casa terminada la guerra con una modesta caja de cartón donde guardó las exiguas pertenencias del piloto que había muerto en el ataque en Okinawa. A la muerte de Schock, en noviembre de 2010, un nieto de éste, Dax Berg, descubrió la caja con los objetos de Ogawa y sintió curiosidad y entonces de produjeron un continuado de coincidencias. Dax le habló del hallazgo a su jefe en la empresa donde trabajaba, Paul Grace, quien dio la casualidad que era un prestigioso traductor de japonés y estaba casado con una mujer japonesa. Los Grace leyeron la emotiva carta y descifraron el nombre del piloto acudiendo entonces a la Agencia de Defensa de Japón, cliente de Paul Grace. No fue fácil localizar a la familia del alférez Ogawa que quedaba con vida, pero lo consiguieron y la señor a Grace les escribió una carta en diciembre de ese año dándoles cuenta de lo que habían descubierto hasta el momento: los objetos personales del alférez Ogawa, su pertenencia al grupo tokkotai Showa 7 Dai-Tai y su muerte el día 11 de mayo de 1945 en el USS Búnker Hill. El 27 de marzo de 2001, la familia del alférez, Yoko Ogawa, sobrina nieta de Kiyoshi Ogawa, la madre de ésta y Masao Kuniminese un viejo amigo de la universidad viajaron hasta San Francisco donde se reunieron con los Grace y don Dax Berge que les hizo entrega de los recuerdos de Kiyoshi Ogawa que su abuelo había conservado hasta la muerte.

Escritor. Autor de "El heredero del diablo", "Espías y la guerra secreta", "Nzere Kongo. Viaje a la cuna del mal" y "La ruta de los contrabandistas".

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