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A propósito del nacionalismo

nacionalismo-300x171Desde que en Cataluña se ha desatado lo que se ha dado en llamar “el procés”, es decir, un proceso jurídico-político encaminado hacia una hipotética independencia, uno de los efectos más claros ha sido la profunda división entre los colectivos que diríamos “políticos”, tanto de izquierda como de derecha. La derecha catalana, es decir la burguesía con sentido de clase, ha estado siempre dividida entra una alta burguesía, financiera, totalmente españolista, franquista cuando era necesario para mantener sus privilegios y otra burguesía, media-alta más industrial y comerciante, catalanista y más comprometida con la democracia. Esa división burguesa se ha exacerbado con los gobiernos del PP, absolutamente incapaces de entender lo que es España y con las crisis de la derecha catalanista, CiU primero y Convergencia después. En lo que respecta a la izquierda, la cosa es más grave, aunque era de esperar, porque la izquierda, con personas, grupos y partidos que piensan y tienen principios más allá del puro interés económico, siempre se ha dado una división, a veces cainita, favoreciendo a la derecha. Desde mi pobre aportación a la lucha política he visto nacer, crecer y desaparecer grupos de izquierda de lo más variopinto hasta llegar a la previsible muerte natural del menos izquierdista de todos, el PSOE o su sección catalana el PSC.

Dicho esto, queda entrar en el proceloso mundo de la división que “el procés” ha provocado en el mundo que se movía alrededor del PC, PSUC, Iniciativa, Izquierda Unida y todo el bloque que en algún momento se definió como “eurocomunista” siguiendo la estela de Enrico Berlinguer, Santiago Carrillo y Georges Marchais. Una parte de este movimiento se ha decantado sin más por el llamado “derecho a decidir”, es decir, el derecho del “pueblo de Cataluña” a decidir si quieren seguir formando parte de España o constituirse en un estado independiente. Esta tesis de “som una nació” y por tanto debemos tener un Estado, es la tesis burguesa mantenida desde principios del siglo XIX en que se creó el concepto de “nación” par romper el monopolio de la aristocracia sobre los antiguos reinos.

Según todos los indicios, es decir mis propias charlas con antiguos camaradas eurocomunistas, la mayoría de ellos no son partidarios de la independencia, pero sí de aplicar al “pueblo de Cataluña” las tesis mantenidas en los años sesenta por todos los movimientos progresistas que seguían enfrascados en la cuestión nacional: el derecho de autodeterminación.

Llegados a este punto se abren varios interrogantes y consideraciones. En primer lugar, “derecho a decidir” es sólo un eslogan y eso es importante aclararlo. No se trata de un término absoluto, ni mucho menos y su sola afirmación genera tantas opiniones como personas. Es lo que podríamos llamar un subterfugio, una de cuyas acepciones en la Academia de la Lengua es “pretexto engañoso para evadir algo”, es decir se plantea un término absoluto que es el derecho de todo ser humano a decidir sobre su destino, evadiendo el sesgo partidista que quiere llevarnos a “el derecho a decidir sobre la independencia”. De ahí el engaño, nadie puede negar el “derecho a decidir”, eso es antidemocrático, pero todo cambia cuando la pregunta es “a decidir, ¿qué?”, ¿si reimplantamos la pena de muerte?, ¿si internamos en campos de concentración a los judíos?, ¿si cerramos las fronteras a los extranjeros?, ¿cualquier idea por extraña o ilegal que sea se debe poner a votación?

Otro sector de esa izquierda, un poco huérfana, de la que hablaba, sigue manteniendo que el nacionalismo es la ideología de la derecha y que el “derecho a decidir”, el referéndum de independencia y la supuesta “diferencia” entre los catalanes y los españoles son solo armas de clase para que una parte de la burguesía catalana, la catalanista media-alta, tome el poder desplazando a esa alta burguesía españolista que manda desde Madrid.

La tesis de la izquierda partidaria del referéndum (que no de la independencia, eso es cierto) parte de un principio “democrático”, es decir que las urnas son la esencia de la democracia. Esta tesis es también un subterfugio pues la pregunta es ¿sólo las urnas son la esencia de la democracia?, ¿no es también la Ley, la separación de poderes, los tribunales, el respeto a las minorías, el internacionalismo, el derecho a la educación? Y más todavía, ¿la ley electoral? El resultado objetivo es que desprecian todas aquellas instancias democráticas que no apoyan el referéndum de independencia y sólo aceptan aquellas que lo reclaman, es decir rechazan la Constitución, el Estatut de Autonomía, las sentencias judiciales, los dictámenes de los juristas, los deseos de la mitad de la población y aceptan solo lo decidido por mayoría simple en un Parlamento elegido con una Ley electoral que no ha reflejado la realidad social, pues la mayoría de la población ha votado a partidos no nacionalistas. ¿Quiere esto decir que las urnas no son democráticas? En absoluto, pero lo que quiere decir es que “no sólo las urnas son la democracia”, ¿alguien duda que la ocupación de la Puerta del Sol por los indignados no era una expresión de democracia? Lo que rechazan los nacionalistas catalanistas es que la Constitución Española, el Estatut o las leyes vigentes sean una expresión de democracia.  Ahí llegamos entonces a otro punto interesante, ¿qué es la democracia? ¿nos atrevemos a definirla o nos limitamos a decir que es votar, la urna, y ahí se acabó todo? ¿Todo se debe poner a votación? ¿Es esa la cuestión?

La segunda cuestión, la que me parece igual de importante y desde luego que cae de lleno en la falacia y el subterfugio es “El pueblo de Cataluña tiene derecho a la autodeterminación”. Dicho por la derecha nacionalista suena a chiste, no entraré en ello, pero dicho por gente de izquierda creo yo que demuestra o falta de conocimiento a que están abducidos por los nacionalistas. Es cierto que el PSUC y otros partidos de izquierda, incluso los socialistas, tenían en sus estatutos y en muchos documentos “el derecho de autodeterminación de los pueblos”, pero ¿alguien de verdad puede decir que el PSUC hablaba de Cataluña cuando defendía eso? Cualquiera con unos mínimos conocimientos, sabe que ese concepto se acuñó en los años sesenta para defender a pueblos que luchaban contra el imperialismo: Vietnam, Argelia, el Sáhara español, Angola, Mozambique, incluso Palestina. Es increíble tener que explicar a estas alturas que esa reivindicación del derecho de autodeterminación se lanzó como una lucha contra el imperialismo europeo en África y en Asia, ni siquiera se aplicaba al caso del Ulster, de Euzkadi, de Ucrania o de las Repúblicas Bálticas y mucho menos a Cataluña. Nunca se aprobó en el PSUC el derecho de autodeterminación para Cataluña y parece mentira que se tenga que recordar que la tesis que el Partido defendía era “Llibertat, amnistía i Estatut de Autonomia” y que el Partido estaba claramente separado del PSAN, independentista o incluso del PTE que sí hablaba del derecho de autodeterminación en Cataluña.

Desde la izquierda, al menos desde la gente que yo conozco de izquierda, no se plantea de ningún modo que Cataluña haya sido “invadida” por España, lo que se mantiene es que el “pueblo” de Cataluña (metiendo en el mismo saco a los trabajadores inmigrantes y a Jordi Pujol) debe tener derecho a expresarse en ese sentido, mientras que se mantiene que las gentes del resto de España tienen que mantenerse al margen y contemplar cómo se deshace el país en el que han nacido y vivido, sin derecho a decidir.

En lo que a mí respecta, el pertenecer a un país u otro me tiene sin cuidado, lo que quiere decir que ya estoy bien como estoy y no tengo ningún interés en cambiar mi “nacionalidad”, pero claro, eso es mi opinión que como digo, cada ciudadano tiene la suya. Lo que no es lógico es que una acción de tal profundidad social, económica, histórica, política y sobre todo de futuro se solvente en una jornada festiva y deje a la mitad del país, la que pierda, en la más absoluta frustración.

Hasta aquí mi análisis de la situación tal y como la veo, pero todavía hay mucho más, aunque esto ya entra dentro de la especulación filosófico-política. Si aplicamos a Cataluña el principio del derecho de autodeterminación de los pueblos, quiere decir que hemos eliminado el concepto originario de la idea y la ampliamos a todos los “pueblos” del mundo. ¿Qué entendemos por “pueblos”? ahí tenemos ya el segundo problema (el primero era el del concepto de autodeterminación). Definir pueblo es tan difícil como definir “nación”, algo en lo que la gente de izquierda no se siente muy cómoda y desde luego nadie está de acuerdo, pero en conversaciones con amigos y ex camaradas, aunque no está muy bien definido el concepto de pueblo sí están de acuerdo, parece, en que cualquier colectividad que se defina a sí misma como diferente, tiene derecho de autodeterminación. Sin ir más lejos, existe un grupo en el barrio barcelonés de la Barceloneta que reclama el derecho de autodeterminación y la independencia del barrio. España, de gran tradición centrífuga, tiene antecedentes notables de fuerzas que se definen a sí mismas como diferentes, todas ellas nacidas al albur de los nacionalismos del siglo XIX. Cartagena, Asturias, el Valle de Arán, Tortosa, el condado de Treviño y alguno que se me olvida se podrían unir a Cataluña, Euzkadi y Galicia, Canarias por supuesto e inmediatamente después habría que ver qué se hace con las Baleares, Valencia, la Franja de Ponent en Aragón, la “Cataluña francesa”, Andorra, el País Vasco francés, parte de Cáceres, Cerdeña… Ceuta, Melilla. ¿Qué impediría entonces que cualquier lugar de España reclamara su independencia? Nada, no lo impediría nada pues todos los “pueblos” tienen el derecho. Es evidente que una de las ventajas de los Estados, desde el Imperio Romano si no recuerdo mal, era administrar el territorio de una manera lo más igualitaria posible (sin que entremos en la lucha de clases) y evitar las guerras territoriales, de fronteras o de control de los recursos. Si el nacionalismo ha fracasado en esa finalidad, como demuestran las guerras, permanentes, en todo el mundo, ¿tenemos que volver a repartir el suelo otra vez? Porque hasta ahora hemos hablado solo de España, pero la idea de la “autodeterminación” la deberíamos aplicar entonces a todo el mundo, Aquitania, Bretaña, Alsacia, Lorena, Bearn, Normandía; por supuesto Escocia, Gales; Baviera, Prusia (ya nos pelearíamos con Polonia, siempre se ha hecho); en el Cáucaso y Siberia lo tendríamos muy bien para generar nuevas naciones, nuevos problemas fronterizos, ¿y en el centro de Europa? O los países del Sahel (no hablemos de Oriente Medio porque acabaríamos mal), Turquía, ¡La India! Y no vayamos a América donde México podrían empezar a reclamar, o Colombia, o Bolivia, o Argentina…

Lo peor de esta discusión es que hay quien opina que todos somos nacionalistas, de una u otra nación, que en el caso que nos ocupa si no eres catalanista es que eres españolista. Eso duele porque para mí, llamarme nacionalista es un insulto y como tal me lo tomo. En lo que a mí respecta no soy nacionalista, soy normal.

Si me preguntan si soy español diré: sí, claro. Y cuando me pregunten por qué, responderé: lo dice mi pasaporte.

 

Escritor. Autor de "El espía imperfecto", "Espías y la guerra secreta" y "La ruta de los contrabandistas".

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