A propósito de la monarquía

Cuando se habla del enfrentamiento entre República y Monarquía, tendemos a olvidarnos que eso ya se solventó a partir de finales del siglo XVIII en Francia y posteriormente con dos guerras mundiales y infinidad de revoluciones. De aquel enfrentamiento república/monarquía se llegó a una síntesis que hemos dado en llamar Democracia, al estilo griego y que se plasma en la separación de poderes, las elecciones libres y el respeto a la legalidad. Y no es baladí el hecho de que el máximo representante del Estado, sea rey o presidente, no figura en esos tres poderes, pues la democracia exige que no tenga poder, sino únicamente la representación del Estado, asistir a actos sociales y firmar lo que le digan que firme. Decir que es más democrático elegir al Jefe del Estado que adjudicarlo a una familia por tradición no es más que un modo de colocarlo, no un ejercicio de democracia. No hay más que ver a ciertas repúblicas fallidas, Haití, la República Democrática del Congo o incluso la Federación Rusa, por no hablar de México, Irak, Hungría… ¿Son países más democráticos que Dinamarca, Suecia, Bélgica o el Reino Unido? Cuando veo el antipático rey Carlos III o el atractivo Felipe VI la verdad es que no veo que sean más perjudiciales para la democracia que el idiota de Bolsonaro y el impresentable y peligroso Donald Trump. Así pues, más valdría dedicar nuestros esfuerzos a acabar con la justificación de dictaduras como la de Hungría aduciendo que es una república o la de Arabia Saudí que es una vergüenza pero ¡ah! tiene mucho petróleo.

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