Me contaron una vez el caso de una joven viuda que, el día del funeral de su marido, se echó reír como una loca cuando una vecina, una de esas que está presente en todos los eventos, le dio el pésame con sonoros besos a una persona equivocada. Quiere eso decir que el sentido del humor, la capacidad de reír en las peores circunstancias es algo que es mejor no perder. Viene esto a propósito de un video aparecido en Youtube donde un individuo llamado Muhammad Yasin Ahram Pérez se hizo famoso hace unas semanas lanzando una serie de amenazas a España y los españoles por unas afrentas sucedidas hace quinientos años, aproximadamente, en las que yo no tuve nada que ver. El individuo en cuestión ha tenido la mala suerte de que todo el mundo ha descubierto que es hijo de la Tomasa lo que, la verdad, le quita toda seriedad al asunto: “el hijo de la Tomasa amenaza a los españoles”, “el hijo de la Tomasa denuncia los crímenes de la Inquisición”, “el hijo de la Tomasa llama a la yihad”. Eso es como si Donal Trump se pusiera una camiseta del pato Donald para salir en televisión. La Tomasa, que merece todos mis respetos, va y se casa con un musulmán, cosa muy respetable y se convierte en una fábrica de niños dispuestos a dar su vida por su velo, o por el profeta, que tanto monta, pero me ocurre con la Tomasa lo mismo que con un banco que se llama Pichincha o un proveedor de material de construcción que se llama Guarro. No sé si me explico. A propósito del despropósito del hijo de la Tomasa han aparecido en Youtube infinidad de videos con su imagen y manipulaciones de auténticos virtuosos, verdaderas obras de arte divertidísimas, lo que el chico se tiene bien merecido por garrulo. No se me escapa que armado con un Kalshnikov y dejado de la mano de Dios (por mucho que él se crea su enviado) puede hacer cualquier maldad lo que, todo el mundo sabe, le va muy bien a los que somos bajitos porque eso nos da un poco de lustre y hace que se nos respete, y si no que se lo pregunten al enano de Juego de Tronos.

Apropósito del atentado de Barcelona se han producido obviamente reacciones en las redes sociales y en los periódicos de todo tipo, algunas divertidas como lo del Hijo de la Tomasa y otras, como debiera ser, de tristeza y de condena. Pero ha habido también, como era de esperar, un repunte de algo llamado “islamofobia”, un rechazo frontal al islam y a lo que represente, metiendo en el mismo saco a terroristas, yihadistas, islámicos de una u otra característica y en definitiva a lo que, sin ningún fundamento objetivo, en España se llaman “moros”. En el excelente trabajo del profesor Joan Anton-Mellon “Terrorismo. Disección de la barbarie” ya se apuntan un par de cuestiones básicas, primero que los yihadistas, partidarios de la yihad, son una minoría dentro del islam y que los terroristas, los violentos, son una minoría dentro de la yihad, así que mal se puede ir contra millones de adeptos al islam que nada tienen que ver con la violencia. Igualmente, el profesor Anton-Mellon hace notar en su libro que “terroristas” los hay, los ha habido y probablemente los habrá sin que tengan nada que ver con el islam. Lo que ocurre es que a veces tenemos mala memoria o una ignorancia selectiva y no queremos ver que la mayor parte de las víctimas del terrorismo hoy en día son musulmanes, con atentados salvajes en Bagdad, en Kabul, en Estambul o en ciudades africanas. Dicho esto salta una pregunta, ¿tengo que respetar especialmente a los musulmanes, aceptar su cultura y su modo de vida? La respuesta es un NO rotundo, por algo muy sencillo. Pongamos por ejemplo un cristiano practicante, alguien que va misa todos los domingos y fiestas de guardar, que piensa que el lugar de la mujer está en casa cuidando a los niños y al marido, que abomina de los homosexuales, que exige la separación de los niños y las niñas en la escuela, que mete en la cárcel a las mujeres que abortan, que obliga a alcaldes y diputados a acudir a los oficios religiosos de Semana Santa, que considera delincuentes a los comunistas… a un personaje como ese yo lo consideraría indeseable, en el mejor sentido de la palabra, quiero decir que no desearía estar cerca de él ni colaborar con él ni desde luego considerarlo mi amigo. La cuestión está clara entonces, ¿debo aceptar a un musulmán con esos planteamientos y “respetar su cultura”, le respetaré como ser humano en tanto que él ejerza sus creencias para sí mismo sin obligar a nadie más, sea su mujer o sus hijos. Y me da igual que sea musulmán o cristiano. En el fondo de la cuestión está el hecho, inasumible, de que todo personaje religioso considera que el amor y el respeto a dios está por encima del amor y el respeto a los seres humanos. Y eso es inaceptable. Si yo insulto a dios en uso de mi derecho a la libertad de expresión ¿el creyente tiene derecho a agredirme, matarme o encarcelarme? Desde luego que no y todavía tiene menos derecho a armarse y agredirme por el hecho de que yo no soy musulmán, no creo que exista dios y pienso que las personas y sus derechos deben estar por encima de las religiones.

Nada más ver el video original del hijo de la Tomasa, unos días después de la salvajada de Barcelona, pensé “¡será idiota!” pero luego he visto que no es él solo el idiota, sino que hay muchos más, moros y cristianos. Para terminar, desde aquí me gustaría darle un consejo al hijo de la Tomasa: búscate un asesor de imagen. Y otro consejo a la Tomasa: toma anticonceptivos porque la cosa te sale fatal.

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