A propósito del Congreso de Escritores y Literatura de Espionaje a celebrar en Andorra el próximo mes se ha vuelto a poner de manifiesto lo que nos suele suceder a los que escribimos novela o ensayo sobre espionaje. Ante la pregunta ¿qué sabes de espionaje? o ¿a qué espía conoces? la respuesta del público suele ser siempre Bond, James Bond. La explicación es sencilla y lógica hasta cierto punto: las películas de Bond, en general, son de calidad, las hay en abundancia y han creado un universo de acción y de espectáculo que ha cuajado entre la gente. La otra cara de la moneda es que el trabajo auténtico del espionaje es algo que no siempre está al alcance del público, que rara vez tiene el glamour de James Bond y que no tiene en el cine o la televisión la presencia de 007. En lo que se refiere a la novela, la cuestión difiere un tanto del cine pues las novelas de Bond, al menos en castellano, no han tenido la difusión de las escritas por John Le Carré o Graham Green, por poner solo dos ejemplos. El cine ha dado también magníficos filmes basados en las novelas de Le Carré y en las de Green o Forsyth, pero en menor cantidad que las de Bond y sobre todo en una línea que no se acerca a la aventura, el glamour y la acción del agente 007, con licencia para matar. Cuando varios escritores de novela y ensayo de espionaje nos juntamos para crear el Club Le Carré, en una de las cosas que coincidíamos sin duda era en que James Bond no representaba en absoluto a un agente secreto, sino que era un aventurero cinematográfico, divertido e interesante desde luego, pero que podía ser comparado a Han Solo de Star Wars o a Indiana Jones. Para nosotros la novela de espionaje, el espía real, era y es otra cosa. Desde el Club le Carré quisimos darle a la novela ese aire de seriedad que para nosotros tiene el trabajo del agente del servicio de Inteligencia, un funcionario del Estado al fin y al cabo que hace un trabajo de obtención de información y rara vez entra en el ámbito de la aventura o de la violencia, aunque a veces le atrapa la realidad que nada tiene de glamour. Si creamos el grupo de autores con el nombre de Le Carré fue por algo evidente, consideramos que ese nuestro autor favorito, escritor y agente del MI6 representa lo que par nosotros es la literatura de espionaje y servicios secretos. Pensamos que la vida real de un agente, desde luego tiene algo de aventura y mucho de interés, pero en otro sentido, nada de ir armado con una Beretta y conducir un Aston Martin. Eso no entra en la personalidad real de un agente de los servicios secretos.

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