{"id":4552,"date":"2025-02-02T11:45:42","date_gmt":"2025-02-02T11:45:42","guid":{"rendered":"https:\/\/joseluiscaballero.es\/?p=4552"},"modified":"2025-02-02T11:57:07","modified_gmt":"2025-02-02T11:57:07","slug":"dia-de-playa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/joseluiscaballero.es\/?p=4552","title":{"rendered":"D\u00eda de playa"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"4552\" class=\"elementor elementor-4552\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-6bfbf3cb elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"6bfbf3cb\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-4a518e38\" data-id=\"4a518e38\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4d81fa0e elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"4d81fa0e\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-4554 alignleft\" src=\"https:\/\/joseluiscaballero.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/2C521F591C2C51FED1702D51FEC253-300x189.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"189\" srcset=\"https:\/\/joseluiscaballero.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/2C521F591C2C51FED1702D51FEC253-300x189.jpg 300w, https:\/\/joseluiscaballero.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/2C521F591C2C51FED1702D51FEC253-768x485.jpg 768w, https:\/\/joseluiscaballero.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/2C521F591C2C51FED1702D51FEC253.jpg 1000w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>El d\u00eda en que cumpl\u00ed doce a\u00f1os era domingo y mi padre se acababa de comprar un brillante, blanco y enorme \u201ccientoveinticuatro\u201d. En aquellos a\u00f1os, tener ese coche era un salto cualitativo para la clase media porque despu\u00e9s del seiscientos, meterse en uncoche grande, en el que cab\u00edan bien los pap\u00e1s, los dos ni\u00f1os y la abuela era todo un lujo,<br \/>un disfrute de espacio vital que no estaba al alcance de cualquiera. Lo de micumplea\u00f1os fue casualidad porque la salida dominguera era entonces casi una religi\u00f3n,m\u00e1s que la costumbre de ir a misa, algo que hab\u00edamos ido perdiendo tal y como el pa\u00eds avanzaba hacia la playa y se alejaba de la ermita.<br \/>Salir de Barcelona en aquellos tiempos era, como ahora, un calvario, s\u00f3lo que entonces<br \/>se hac\u00eda sin m\u00e1s apelaci\u00f3n por la carretera nacional, una infernal v\u00eda en direcci\u00f3n a<br \/>Sitges y Castelldefels. Nada de autopistas, de t\u00faneles maravillosos o velocidades de<br \/>v\u00e9rtigo. M\u00e1s bien, calor, curvas mareantes, camiones a cada paso y un v\u00eda crucis al que,<br \/>la verdad, nunca le encontr\u00e9 la diversi\u00f3n. Si a eso a\u00f1adimos que nunca me gust\u00f3 la<br \/>playa, que el sol quemaba inmisericorde mi piel muy blanca y que el mar me daba<br \/>miedo, el resultado era que lo \u00fanico divertido del domingo era la tortilla de mi madre en<br \/>la fiambrera, el pollo rebozado y un ocasional helado, si todo iba bien, cuando alguien<br \/>se apiadaba de mi piel quemada y mi est\u00f3mago vac\u00edo por la vomitera. Porque no hay<br \/>que olvidar que ir en coche era para m\u00ed una tortura heredada de las apreturas del<br \/>seisicentos, de las curvas y del calor.<br \/>La llegada del cientoveinticuatro fue una bendici\u00f3n. Pod\u00eda estirarme c\u00f3modamente a<br \/>pesar de la presencia de mi hermano peque\u00f1o y de la abuela, pero nada m\u00e1s enfilar las<br \/>curvas de las costas de Garraf, o\u00eda la voz de mi padre: \u00a1Manolito!, lo que quer\u00eda decir<br \/>que yo, autom\u00e1ticamente, deb\u00eda sacar la cabeza por la ventanilla, respirar aire marino y,<br \/>en su caso, vomitar hacia fuera. La voz de \u00a1Manolito! No era, no obstante, una orden<br \/>cuartelera, sino que era m\u00e1s bien una recomendaci\u00f3n cari\u00f1osa porque mi padre, a pesar<br \/>de ser grande y fuerte como un oso, era un hombre tranquilo, cari\u00f1oso y sin pizca de<br \/>agresividad. Estoy seguro, por ejemplo, de que ni siquiera le gustaba el f\u00fatbol a pesar de<br \/>que se reun\u00eda con sus amigos y gritaba \u00a1gooool! y esas cosas. Nunca me hab\u00eda dado un<br \/>sopapo, y eso que puede que me mereciera m\u00e1s de uno, y jam\u00e1s levantaba la voz, ni<br \/>siquiera cuando le ense\u00f1aba unas notas que hubieran avergonzado a Santo Tom\u00e1s de<br \/>Aquino. Bien. Quiero decir que nunca le hubiera cre\u00eddo capaz de algo como lo que<br \/>sucedi\u00f3 aquel domingo, d\u00eda de mi duod\u00e9cimo cumplea\u00f1os.<br \/>Acab\u00e1bamos de enfilar la carretera hacia Castelldefels y era muy temprano, porque eso<br \/>s\u00ed, mi padre era de los madrugadores y a la playa se iba reci\u00e9n salido el sol, sin tr\u00e1fico<br \/>en las carreteras, de manera que los peques, mi hermano y yo, pero sobre todo la abuela,<br \/>est\u00e1bamos ateridos de fr\u00edo con nuestra ropa veraniega, con las ventanillas abiertas dado<br \/>que era verano y el calor de las s\u00e1banas todav\u00eda iba pegado al cuerpo.<br \/>Fue en alg\u00fan punto de aquella carretera, pasado ya el Prat, cuando nos adelant\u00f3 un<br \/>coche, no s\u00e9 cu\u00e1l, quiz\u00e1 un cientoveinticuatro como el nuestro pero de color azul<br \/>oscuro. Iba m\u00e1s deprisa que nosotros y al principio no me fij\u00e9 qui\u00e9n lo conduc\u00eda, pero lo<br \/>que s\u00ed me di cuenta es que mi padre tuvo que frenar con tal brusquedad que me di de<br \/>morros contra el asiento de delante, el del conductor, mientras el claxon de nuestro<br \/>coche sonaba como una sirena; mi madre se agarr\u00f3 con todas sus fuerzas al asiento para<br \/>no darse con el cristal y la abuela, que hac\u00eda algo con mi hermano en ese momento, dio<br \/>un curioso trompo y acab\u00f3 sentada en el suelo del coche, mirando hacia la parte trasera.<br \/>Mi padre nunca maldec\u00eda ni nada parecido, as\u00ed que yo no daba cr\u00e9dito cuando le o\u00ed<br \/>exclamar: \u00a1ser\u00e1 hijo de puta! acompa\u00f1ado de una m\u00fasica hist\u00e9rica de claxon.<\/p>\n<p>Lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s fue un caos de gritos, carreras y lloros porque a todo esto mi hermano<br \/>Joaqu\u00edn se hab\u00eda puesto a llorar a pesar de que no le hab\u00eda pasado nada. La abuela se<br \/>rehizo, subi\u00f3 al asiento y entre ella y mi madre se ocuparon de consolar a Joaqu\u00edn, una<br \/>vez que qued\u00f3 descartado que a m\u00ed me hubiera pasado algo. Pero lo de mi padre fue<br \/>diferente; nunca hubiera pensado que no prestara ni pizca de atenci\u00f3n al peque\u00f1o<br \/>desastre de su pasaje. Digamos que hab\u00eda sufrido una transformaci\u00f3n, o mejor una<br \/>transfiguraci\u00f3n. De pronto le vi con los nudillos blancos, apretados contra el volante, la<br \/>cara fuera de s\u00ed y el pelo erizado como el de un lic\u00e1ntropo. El coche dio un violento<br \/>empuj\u00f3n hacia adelante, lanz\u00e1ndonos a nosotros para atr\u00e1s, al contrario de lo que hab\u00eda<br \/>sucedido con el frenazo. La abuela casi se sube a la bandeja trasera y mi madre estuvo a<br \/>punto de saltar al asiento de atr\u00e1s aunque yo, que vi venir la maniobra, ya me hab\u00eda<br \/>sujetado con todas mis fuerzas. De la boca de mi padre, que acababa de bajar la<br \/>ventanilla, sali\u00f3 un \u00a1cabr\u00f3n, te vas enterar! Y luego emprendi\u00f3 una veloz carrera<br \/>lanz\u00e1ndose en pos del coche que nos acababa de pasar. O\u00ed decir algo a mi madre pero la<br \/>respuesta de mi padre, inusitadamente seca y agresiva nos dej\u00f3 a todos helados: \u00bfNo ves<br \/>lo que ha hecho ese hijo de la gran puta? \u00a1Me ha cerrado el muy cabr\u00f3n! Yo no ten\u00eda ni<br \/>idea de qu\u00e9 le hab\u00eda cerrado, as\u00ed que no entend\u00ed nada, como no entend\u00ed la loca carrera<br \/>emprendida a la caza del conductor enemigo. Le pasamos lentamente, lanzados a toda<br \/>velocidad, porque el otro dominguero, tan tenso y demudado como mi padre, manten\u00eda<br \/>el m\u00e1ximo de velocidad que daba su coche. Era un hombrecillo con la cabeza peque\u00f1a,<br \/>a quien apenas si se le ve\u00eda por la ventanilla y ahora que lo pienso, el coche tal vez era<br \/>menos potente que el nuestro, quiz\u00e1 un ochocientoscincuenta o algo as\u00ed, pero en \u00e9l iba<br \/>tanta gente como en nuestro flamante cientoveinticuatro; ni\u00f1os, ancianos, padres de<br \/>familia, tal vez un perro \u00bfo era un figurita que dec\u00eda que s\u00ed a todo? No lo recuerdo con<br \/>claridad. S\u00f3lo recuerdo que conseguimos pasarles a duras penas y entonces mi padre dio<br \/>un volantazo a la derecha coloc\u00e1ndose delante de su enemigo y al tiempo que dec\u00eda un<br \/>sonoro: \u00a1j\u00f3dete! o\u00ed un tremendo frenazo y m\u00e1s gritos y bocinazos. A esas alturas mi<br \/>madre intentaba decir algo pero nadie la escuchaba, mi hermano se hab\u00eda echado a llorar<br \/>otra vez, si es que hab\u00eda parado y la abuela estaba blanca, con los ojos muy abiertos y<br \/>agarrada a su chaquetilla de punto, que llevaba sobre las rodillas, como si eso le fuera a<br \/>salvar del inminente accidente.<br \/>La cosa pod\u00eda haber acabado ah\u00ed, debi\u00f3 acabar ah\u00ed, pero por desgracia no hab\u00eda hecho<br \/>m\u00e1s que empezar. Mi padre, con una sonrisa espeluznante que yo pod\u00eda ver a trav\u00e9s del<br \/>retrovisor, solt\u00f3 un bufido, algo as\u00ed como \u201chummm\u201d y se arrellan\u00f3 en el asiento<br \/>satisfecho de su haza\u00f1a, baj\u00f3 un poco la velocidad y todo pareci\u00f3 que volv\u00eda a la<br \/>normalidad hasta que, de pronto, como si de un ave salida del infierno se tratara, por<br \/>nuestra izquierda apareci\u00f3 otra vez el coche color azul oscuro. A mi padre, supongo, le<br \/>cogi\u00f3 desprevenido, nunca debi\u00f3 pensar que el hombrecillo se atrever\u00eda a tanto pero el<br \/>caso es que nos adelant\u00f3 mir\u00e1ndonos con expresi\u00f3n de desaf\u00edo y con la misma aviesa<br \/>intenci\u00f3n de adelantarnos y hacernos frenar de golpe. Esta vez mi padre contraatac\u00f3 a<br \/>pesar de la sorpresa, pero no pudo evitar que el otro le pasara haci\u00e9ndole frenar de<br \/>nuevo. Hubo m\u00e1s imprecaciones pero cuando parec\u00eda que mi padre iba a emprender la<br \/>persecuci\u00f3n, el coche azul oscuro, distanciado unos metros fren\u00f3 casi en seco haciendo<br \/>que mi padre hiciera lo propio. Nos quedamos parados, pegados al arc\u00e9n, con el motor<br \/>rugiendo y el coche contrario delante, a unos metros, igual de expectante. Y entonces<br \/>sucedi\u00f3 lo que nunca ten\u00eda que haber sucedido; la portezuela del conductor se abri\u00f3 y<br \/>del interior sali\u00f3 su conductor, el hombrecillo que, agazapado tras su volante, me hab\u00eda<br \/>parecido un se\u00f1or como otro cualquiera y que ahora, de pronto, parec\u00eda un sue\u00f1o,<br \/>alguien salido de la nada empu\u00f1ando algo as\u00ed como una palanca de hierro, una llave<br \/>inglesa o algo parecido. Se qued\u00f3 parado, junto a su coche, en medio del carril por el<br \/>que a aquella hora no circulaba a\u00fan casi nadie. Mi hermano Joaqu\u00edn hab\u00eda enmudecido,<br \/>mi madre se limit\u00f3 a coger el brazo de mi padre y a temblar y yo me qued\u00e9 paralizado,<br \/>pensando en si ser\u00eda mejor abrir la puerta y salir corriendo o ponerme a llorar como<br \/>Joaqu\u00edn. A trav\u00e9s de la ventanilla abierta o\u00ed gritar al hombre: \u00a1ven aqu\u00ed si tienes cojones!<br \/>Pero mi padre segu\u00eda apretando el volante, con los nudillos blancos y desde atr\u00e1s pod\u00eda<br \/>o\u00edr su poderosa respiraci\u00f3n. Le vi moverse despacio, tomar el cambio de marchas y<br \/>meter la primera. \u00bfQu\u00e9 vas a hacer? Dijo mi madre a punto de llorar. No hubo respuesta,<br \/>s\u00f3lo un murmullo como: te vas a enterar hijo de puta o te voy a dar hijo de puta\u2026 no s\u00e9.<br \/>Mi padre, el hombre afable y tranquilo, que jam\u00e1s gritaba, solt\u00f3 el embrague y el coche<br \/>dio un salto hacia delante, recto contra el conductor agresor. No he dicho que mi padre<br \/>era un buen conductor, seguro, h\u00e1bil, tranquilo, as\u00ed que ni el coche se cal\u00f3 ni se le fue de<br \/>las manos, se dirigi\u00f3, como una flecha contra el pobre hombre que, al verle, dio un salto<br \/>hacia atr\u00e1s, acompa\u00f1ado de un grito y solt\u00f3 el hierro que supuestamente era su arma. Mi<br \/>padre iba a por \u00e9l, no hab\u00eda ninguna duda, no intentaba asustarle, no era eso, la mirada<br \/>homicida, la risa sard\u00f3nica, la precisi\u00f3n con que lo persegu\u00eda, todo, me estaba diciendo<br \/>que iba a por \u00e9l, que no hab\u00eda salvaci\u00f3n para el hombrecillo. Hubo una carrera m\u00e1s<br \/>parecida a una pel\u00edcula de Charlot que a la realidad mientras el pobre hombre<br \/>zigzageaba y mi padre le persegu\u00eda manteniendo la primera para controlar bien el<br \/>veh\u00edculo. El cientoveinticuatro rug\u00eda y trepidaba, muy acelerado, pero en \u00e9l reinaba un<br \/>extra\u00f1o silencio, hasta mi hermano se hab\u00eda callado y \u00e9l solo se hab\u00eda colocado el<br \/>chupete.<br \/>Entonces sucedi\u00f3 el drama; el hombrecillo, en un acto reflejo dio un salto a su izquierda<br \/>y se meti\u00f3 en el carril contrario huyendo de nuestro coche. No hab\u00eda mediana en la<br \/>carretera, s\u00f3lo unos hierbajos y una raya, continua en aquel tramo. De la siguiente<br \/>curva, sin que el pobre hombre se percatara, sali\u00f3 en aquel momento un cami\u00f3n a toda<br \/>velocidad, posiblemente m\u00e1s de la permitida. A m\u00ed me pareci\u00f3 muy grande, aunque<br \/>puede que no lo fuera tanto, pero desde luego fue suficiente. Nadie pudo hacer nada, el<br \/>cami\u00f3n fren\u00f3 con un chirrido espeluznante, el hombrecillo no lo vio porque en ese<br \/>momento miraba hacia atr\u00e1s, a ver si mi padre saltaba de carril y continuaba<br \/>persigui\u00e9ndole y el golpe fue de una violencia extrema. Lo recuerdo claramente, de<br \/>hecho es lo que mejor recuerdo. Primero el golpe, como sin sonido y una especie de<br \/>peque\u00f1o surtidor que sali\u00f3 de la cabeza del hombre hacia arriba; el impacto lo levant\u00f3<br \/>del suelo, lo lanz\u00f3 hacia el cielo en una curva amplia y luego fue como si una fuerza<br \/>descomunal lo disparara hacia el frente, rompiendo la ley de la gravedad. El sonido casi<br \/>ni lo recuerdo, quiz\u00e1 s\u00f3lo un crujido, y tampoco vi d\u00f3nde ca\u00eda ni c\u00f3mo, pero me qued\u00f3<br \/>s\u00f3lo la seguridad, toda la seguridad que pod\u00eda tener un chico de doce a\u00f1os, que el<br \/>desgraciado no hab\u00eda sobrevivido. Sin ver el cad\u00e1ver entend\u00ed lo que era la muerte<br \/>porque al mirar atr\u00e1s vi a toda su familia salir del coche y correr lejos, hacia un lugar<br \/>incierto tal vez entre las ca\u00f1as o en el asfalto. La mujer, llorando y gritando, dos ni\u00f1os,<br \/>algo m\u00e1s peque\u00f1os que yo, perdidos en el centro de la carretera, cogidos de la mano,<br \/>una abuela, mucho m\u00e1s entrada en carnes que la m\u00eda, intentando correr hacia lo<br \/>inevitable, tal vez en busca de su hijo muerto. Y un perro, peque\u00f1o, ladrando dentro del<br \/>coche.<br \/>El cami\u00f3n hab\u00eda conseguido detenerse, atravesado en el carril, y de \u00e9l sali\u00f3 un hombre<br \/>con camisa a cuadros y pantalones azules. \u00a1Manolito!, \u00a1si\u00e9ntate bien! Eso dijo mi padre,<br \/>por una vez en su vida con tono autoritario y no tuve valor para decir nada. Me sent\u00e9<br \/>mirando al frente, viendo c\u00f3mo la carretera se met\u00eda bajo nuestras ruedas a una<br \/>velocidad razonable. El aire entraba a borbotones dentro del coche, la abuela segu\u00eda<br \/>tiesa, con los ojos al frente, Joaqu\u00edn callado, sorbiendo su chupete y mi madre con las<br \/>manos en el regazo, sacudida por un ligero temblor. Vi a mi padre echar un vistazo por<br \/>el retrovisor y durante semanas cada vez que lo ve\u00eda entrar en casa era como si siguiera<br \/>mirando por \u00e9l. Esperaba algo, supongo, pero todos seguimos fieles a la orden, tajante,<br \/>que nos dio aquel d\u00eda en el coche, cuando est\u00e1bamos a punto de enfilar las costas de<br \/>Garraf: No quiero o\u00edr hablar nunca m\u00e1s de esto. Nunca. \u00bfMe has entendido Manolito?<br \/>S\u00ed, pap\u00e1, dije. Nunca, volvi\u00f3 a repetir.<br \/>No me gusta la playa, nunca me ha gustado y esa fue la \u00faltima vez que salimos ese<br \/>verano, algo que agradec\u00ed, aunque nadie se acordara de celebrar mi cumplea\u00f1os y ni<br \/>siquiera lleg\u00e1ramos a comernos la tortilla.<br \/>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 *<\/p>\n\n<p>\u00a0<\/p>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda en que cumpl\u00ed doce a\u00f1os era domingo y mi padre se acababa de comprar un brillante, blanco y enorme \u201ccientoveinticuatro\u201d. 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