Operación concordia

Hacia 1995 ó 1996, en el último mandato de Felipe González, tuvo lugar una reunión que podríamos calificar de informal en el lugar conocido como “la bodeguilla” en el palacio La Moncloa. A esa reunión, que se sepa, asistieron el presidente González, convocante, el vicepresidente Narcís Serra, el jefe de la oposición en aquel momento José María Aznar, un alto funcionario del CESID (no su jefe Emilio Alonso Manglano) y otro personaje del que desconozco el nombre pero que debía ser un personaje destacado aunque resulta difícil saber qué representaba allí. En aquella reunión, el presidente González planteó a los presentes una cuestión que le parecía de capital importancia y que, hasta el momento, no había compartido con nadie. Expuso Felipe González la realidad de una situación que consideraba insostenible y que venia marcada por el Título Octavo de la Constitución, es decir, la organización del Estado con diecisiete comunidades autónomas, diecisiete gobiernos y diecisiete parlamentos, lo que a su juicio hacía el país poco menos que ingobernable. En ese punto se hacía necesario, expuso, la modificación de la Constitución reordenando el país considerando las nacionalidades tradicionales, Euskadi, Cataluña y Galicia y el resto en una sola unidad, lo que derivaría en un estado federal con solo cuatro gobiernos autónomos. 

Llegados a este punto, intervino el vicepresidente Narcís Serra quien expuso que el modo de abordar aquella cuestión se presentaba difícil y se hacía necesario implementar un plan que pasaría porque una o varias de las comunidades autónomas históricas exhibieran un peligroso decantamiento hacia la ruptura del Estado, es decir, la independencia, que hiciera reaccionar a todas las fueras políticas y fácticas, aceptar la reforma constitucional. En esa línea, Serra descartó a Euskadi por razones evidentes, la violencia de ETA, a Galicia por la escasa implantación de su nacionalismo y a otras entidades como Canarias o las plazas africanas donde no existía movimiento separatista sensato. Quedaba pues la opción de Cataluña, donde podía existir un sustrato no violento pero manipulable para llevar a España a una situación tensa en la que se pudiera cumplir la idea de un apoyo general a la reforma de la Constitución. La información sobre la reunión no es exhaustiva pero sí existen datos de que José María Aznar planteó su acuerdo con algunas acotaciones y el personaje desconocido de la reunión apoyó totalmente el plan pero advirtió que no era fácil ponerlo en marcha desde cero y que requería organizarlo de una forma muy cuidadosa. Narcís Serra estuvo de acuerdo en que era difícil y no sería factible ponerlo en marcha inmediatamente sin un trabajo previo. Entonces sucedió algo, el funcionario del CESID presente, en delegación del mando del mismo, hizo un inciso para informar de que el CESID contaba con algo que en el argot de la Inteligencia se llama un “activo”, es decir, una persona bien situada en el esquema político catalán, controlada y en nómina del CESID a la que se le podía poner al frente de algún tipo de actuación acorde con el plan allí esbozado.

El resto de la reunión fue un intercambio de opiniones en las que especialmente Serra y el funcionario del CESID fueron perfilando algo que finalmente llamaron la Operación Concordia. El plan, diseñado allí en líneas generales, se trataría de que el “activo” al servicio del CESID sería apoyado y financiado para llegar a la dirección del partido nacionalista más destacado del momento Convergència Decmocratica de Catalunya. Una vez en el puesto o uno de los puestos más importantes, presionaría para una deriva hacia el independentismo, creando una corriente de opinión pública en ese sentido. Una vez puesta en marcha esa actuación se apartaría dejando el puesto a personajes o partidos más radicales creando la situación de tensión que obligaría, según el plan, a plantear en el Gobierno central y en el Parlamento, la reforma constitucional. 

El presidente González y Aznar, jefe de la oposición, aprobaron el plan de mutuo acuerdo y el Presidente se encargó de llevar al jefe del CESID las instrucciones necesarias para reconvertir la Operación Concordia. 

Es sabido que el plan no se puso inmediatamente en marcha, entre otras razones por la profunda transformación del CESID que se reconvirtió en el CNI, el Centro Nacional de Inteligencia y también por la sustitución del Gobierno por el nuevo dirigido por José María Aznar. Pero finalmente, el “activo” al servicio de CESIS/CNI llegó a la dirección de CDC y puso en marcha lo que se acabó conociendo como “el procés”, dejándolo después en manos de personalidades más radicales ya conocidas. La cuestión final es que la Operación Concordia acabó yéndose de las manos y tomando derroteros diferentes a los previstos con el resultado conocido.

 

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